Vikki Morgan cuenta que su médico la describió como la "paciente enferma más saludable que había conocido".

Lamentablemente, esta paciente recién casada de 31 años que se alimenta con una dieta saludable y ejercita regularmente necesita un trasplante de riñón.

La historia de Vikki no es extraña para una persona que padece de diabetes tipo 1. Después que le diagnosticaran la enfermedad a los 7 años, Vikki ha hecho consultas todos los años con un especialista en riñón (nefrólogo) por precaución. Hace dos años, el médico le informó que su enfermedad renal estaba en la fase 3.

Causas y consecuencias

En personas saludables, los riñones previenen que los residuos y los líquidos se acumulen en el cuerpo, generan hormonas que fortalecen los huesos y controlan la presión arterial.

Pero la aparición de la diabetes daña los pequeños vasos sanguíneos y dificulta que los riñones puedan limpiar la sangre. La diabetes también puede causar lesiones nerviosas que a veces traen problemas para orinar. Si eso sucede, la presión de la vejiga llena daña a los riñones. 

El diagnóstico sorprendió a Vikki, pero las consecuencias a largo plazo de la diabetes tipo 1 se conocen muy bien. Casi todas las personas con diabetes tipo 1 desarrollan enfermedad renal en un lapso de entre dos y cinco años. Además, esta enfermedad casi nunca manifiesta síntomas en la primera etapa. Esta es una razón por la que Fundación Nacional del Riñón cree que la mayoría de los 28 millones de estadounidenses que padecen de enfermedad renal no lo saben.

Aproximadamente el 30 por ciento de las personas con diabetes tipo 1 sufrirá de enfermedad renal más grave en 10 a 30 años. A medida que la enfermedad avanza, es común tener mareos, dolores de cabeza, debilidad y vómitos. Las personas que están en la fase 3 perderán casi la mitad de las funciones renales. Esto puede generar otros inconvenientes, por ejemplo, presión arterial alta o problemas óseos.

La historia de Vikki

En noviembre pasado, Vikki volvió de su luna de miel con 20 libras de más por retención de líquido. Fue hospitalizada y le diagnosticaron insuficiencia renal, conocida también como enfermedad renal terminal. 

Las personas que llegan a esta fase no sobreviven, a menos que reciban diálisis, un tratamiento médico que hace el trabajo que los riñones ya no pueden hacer, o un trasplante. Vikki necesitaba un trasplante.

Su cuerpo estaba lleno de líquido porque los riñones no desechaban los residuos. Tuvo un sarpullido por las toxinas que había en su cuerpo. También padecía de anemia, otro síntoma común de la insuficiencia renal, porque el organismo no recibía suficiente sangre oxigenada, por eso se sentía cansada y débil. A medida que se acercaba la cirugía, a Vikki a veces le costaba levantarse de la cama.

Su esposo, Carl, donó un riñón para su esposa. "Él quiere que yo esté bien. Ya no soporta más verme sufrir", contó Vikki.

Operaron a Vikki y a Carl en mayo, y los dos están bien.

Cuídese

Si tiene alguno de los factores de riesgo de la enfermedad renal, como presión arterial alta, enfermedad cardíaca o antecedentes familiares de insuficiencia renal, hágase un examen todos los años.

El examen de sangre muestra cómo trabajan los riñones al filtrar sangre y el examen de orina muestra si hay mucha proteína en la orina. Si le diagnostican enfermedad renal, siga la dieta indicada y tome los medicamentos recetados por el médico para poder controlar los niveles de glucosa y prevenir la insuficiencia renal.

Si se le inflaman los tobillos y va muchas veces al baño, especialmente a la noche, estos pueden ser síntomas de que los riñones no están funcionando bien. Debería hacer una consulta con su médico de inmediato si nota este tipo de síntomas.

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La prevención es la mejor cura.

Detectar a tiempo la enfermedad renal o cualquier otra enfermedad crónica es fundamental para que el tratamiento tenga éxito. No deje pasar los exámenes y las pruebas médicas anuales. Averigüe más sobre los exámenes preventivos con cobertura (el contenido de este enlace solo está disponible en inglés).